— ¿Así que tu querías ser mi amo? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, que buena broma... Dejaré que tu propia sangre sea la que te mate. Limpia su katana con la ropa de su victima, luego se va caminando con una sonrisa en los labios.
—¿Zorro?— Se quedó en silencio dejando que ella se fuera a gusto. Mientras que parpadea hasta comprender el porque le llamó así. Luego suspiró pesadamente, se sienta en el suelo dejando que el sudor frío invada su cuerpo. Estaba un tanto cansado por la última misión y si peleaba seguro que iba a perder pero mostrar un poco de arrogancia le salvó en esta ocasión. —Uh, a salvo... Tendré que volver con la vieja.—
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— Fufu Zorro sirviente y mascota de Amaterasu Ō-Mikami mujuju lástima que siendo tan hermoso seas tan patético, pero está bien no haré nada por el momento... Zorro Okami te dejo en paz por ahora — la oni decidió marcharse rápidamente de aquel lugar y ahora que sus planes habían sido cambiados repentinamente cambió el rumbo hacia el monte ibuki.
—La serpiente de ocho cabezas dirás.— Relajó nuevamente los músculos del cuerpo, el combate había llegado a una pausa aburrida de plática. A lo que parpadeó nuevamente. —Te presentaste con tu nombre, Oni, en ese caso déjame decirte el mío. Mi nombre es Okami, gracias a la diosa del sol tengo los tesoros. No suelo hacerle caso a la anciana, pero me alimenta si elimino a un yokai que hace travesuras. Así que preguntaré, ¿Quieres ser la causante de que coma más dulces?— Si bien su plan era provocarle, sabía que no se enfrentaría a un ser como cualquiera, pero de igual forma tenía que estar listo por si el combate estallaba de nuevo.
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— Tuyos? Fufu Kusanagi pertenece a Yamata no Orochi, el dragón de ocho cabezas y ocho colas — sonrió maliciosamente mientras seguía hablando — Fue Susanowo quién con artimañas lo derrotó y robó su espada dándosela a los mortales indignos de un tesoro así...te pregunto una vez más ¿De donde obtuviste la kusanagi? Dudo mucho que mi...repulsivo padre te la entregara — apoyó su espada sobre su hombro derecho y observó fijamente los ojos del zorro — Yo soy el hijo de Yamata no orochi, Shuten Douji uno de los tres terribles monstruos de Japón y Rey de los Onis....ahora contéstame.
Al sentir como la presión fue liberada de su brazo terminó haciendo el tajo horizontal que al inicio quería hacer pero solo cortaría el aire, dejando una rápida estela de color blanco a su paso. Tras eso sus ojos enfocaron a la mujer que se encontraba ahora lejos nuevamente, lo suficiente como para estar a salvo del rango de un ataque rápido. Dejó salir una bocanada de aire, relajando los músculos que estaban tensos por aquel impacto entre ambas armas. Procedería a guardar la espada en su respectiva funda —Los tres tesoros son míos. ¿Aún así quieres seguir con esta pelea?.— Acomodaría la pierna izquierda delante, volviendo a tomar una postura de desenfunde.
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Ambas espadas se impactaron con tanta fuerza que el poder que poseían fue liberado en una onda energética violenta, al principio la oni no se percató pero después de forcejear pudo percibir un palpitar en la espada contraria lo que la haría retroceder rápidamente ejecutando un salto hacia atrás y apartándose metros de distancia y cambiando la postura de sus piernas solo manteniéndose de pie con una sola que era sobre la derecha mientras que la pierna izquierda la mantenía flexionada formando un "4"— Kusanagi... — susurró borrando la sonrisa de su rostro , parecía tomarse ahora la situación con más seriedad que antes — ¿Como haz obtenido esa espada?
Solo un parpadeó bastó para pasar de tener a la mujer a unos cuantos metros a que se encontrara justo delante de este, al ya encontrarse en una postura de desenfunde, levantó el antebrazo, para terminar desenfundando su arma, era uno de los tres tesoros japoneses, la espada kusanagi, con la parte del mango golpearía la hoja de la mujer haciendo que el corte sea más hacia arriba dándole en una de las mejillas al peliblanco. Ambas fuerzas ejercerían presión para ver quien era el dominante, pero al tenerla de esa forma, comenzó a caminar hacia donde la mujer, acortando la distancia, si ella cambiaba de trayectoria el golpe de su hoja no solo sería un poco más débil por como lo detuvo, sino que le daría la oportunidad de que él cortara la cabeza de la demonio.
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Una carcajada salió de sus tiernos labios al escuchar las palabras de su ahora adversario y luego extendería su espada elevando su brazo derecho totalmente horizontal a la altura de su hombro — Ciertamente este oni a matado por tanto tiempo que a escuchado esas mismas palabras una y otra vez por guerreros incautos que decidieron probar el poder de este demonio y ahora ya no existen más — sin más se abalanzó contra el zorro haciendo uso de una velocidad y agilidad sobre humana para luego blandir su espada en dirección al cuello del pelo blanco esperando cortarla de un solo tajo — Mujuju!
Ese olor a sake, sin duda era lo que la mujer estaba tomando, a lo que mostró un rostro molesto, no lo estaba tomando en serio. Justo antes de dar un salto hacia delante para ir a por el cuello de aquel ser, fue interrumpido por las palabras que salían de los labios de la chica. —Era una sugerencia.— Al no saber si el poder o las habilidades de ese oni, ahora que se había rebelado podían provenir de aquella botella decidió cambiar de plan a lo que saltó hacia atrás tomando un poco más de distancia entre ambos. Para su suerte logró saltar antes de que aquella jarra golpeara el suelo delante suyo y lo cortara. —No sé que planeas pero si insistes en pelear, te sellaré.—
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Elevó la comisura de sus labios dibujando una sonrisa totalmente llena de malicia en la cual sus colmillos blancos se mostrarían luego llevaría a sus labios la jarra y bebería hasta la última gota de líquido el cual era licor de arroz tan fuerte que cualquier humano caería al suelo con un solo trago — Mujuju...este oni no sigue ordenes de nadie — dijo mientras se lamía los labios para finalmente lanzar la jarra a los pies del zorro haciéndose pedazos al impacto.