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No pretendía minimizar el sufrimiento de su hermana, pero si apostaba a que hubiese sido peor estar del lado en el que ellos estaban. Al menos no era explotada y vista como una cosa; al menos tenía aspiraciones realistas y propias como el violín.

—¿Te estoy arruinando lo que queda del día? Lo lamento, eres la única con la que puedo hablar de manera clara. Sólo confío en ti —y, dicho esto, se sacó del bolsillo del saco escolar un par de chocolates caros que había robado del sitio que salvaron. Le ofreció uno a la chica, con media sonrisa en el rostro y esperó que el dulce fuese lo suficiente para borrar la amargura unos minutos.
—No lo es, la felicidad dura poco —atajó, poniendo una mueca y viendo a la distancia. Aún podía escuchar a Klaus gritar en las madrugadas por culpa de las torturas a las que lo sometían para que dejara de temerle a su poder; Ben era un obsesivo de la limpieza apenas cruzaba el umbral de su habitación pues odiaba estar bañado en sangre; Diego padecía del lenguaje; Luther y Allisson eran castigados constantemente, forzados. La alegría se extinguía en esa enorme mansión.

Cinco soltó un bufido y retornó su mirada a Vanya...
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No tardó en reprenderse por tan simples palabras. Ni para eso era extraordinaria.

— Todos se veían felices de ganar. ¿No es eso suficiente para estar alegre? —
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Vanya lo miró por unos instantes y luego descendió la mirada. No le pareció extraño ser ignorada, era algo que tanto papá como el resto de sus hermanos hacían frecuentemente.

Tomó asiento cerca de él, flexionando las piernas para poder abrazarlas. ¿Qué podía decirle? Ella no entendía las decisiones de Reginald ni cuando la llevaba a ver a sus hermanos en acción.

Deseaba entenderlo, deseaba darle alguna palabra de ánimo que consolara las dudas de Five...

— No lo sé —
Se limitó a decir.
Sabía que lo estaba bien decirle eso a Vanya porque ella sufría mucho al sentirse fuera de la ecuación, pero Cinco pretendía que ella conociera lo malo que era estar dentro también y ser utilizado como un medio para un fin desconocido.

Refunfuñó y se talló ambos ojos con el dorso de sus palmas. Estaba cansado tanto física como mentalmente y lo único que realmente quería era una taza de café o salir huyendo a las Bermudas.
Cinco tomó asiento lejos de cualquier ventana que pudiese dejarlos en evidencia. Le gustaba pasar sus noches leyendo en ese mismo sitio, ajeno a todo lo que sucedía dentro de la mansión; por ello no fue sorpresa que sus hombros se sintieran más livianos a los minutos de haber llegado, ni que su humor dejara de ser tan ácido para pasar a algo más calmo.

—A veces me pregunto qué quiere él de nosotros realmente... —empezó a decir, sin responder realmente a ninguna de las preguntas que Vanya le había lanzado—Pareciera que va más allá de lo que siempre nos dice, como si conociera algo secreto y nos preparara para ello. Quisiera entender al viejo, así tal vez odiaría menos las veces que me reprende por querer conocer más de mi poder.
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Cientos de preguntas se formularon en su cabeza, que no cayó en cuenta cuándo llegaron al techo. De no ser por la brisa vespertina alborotándole la larga melena castaña, Vanya seguiría inmersa en su infinita reflexión.

— Cinco — Dijo en voz baja. Las mejillas se le colorearon de un tímido rosa. — ¿Están todos bien? ¿Estás bien? ¿Te hirieron —
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Los labios de Vanya apenas se separaron, quiso saludarlo pero se vio obligada a guardar silencio. No le molestó, puesto que estaba acostumbrada a mantenerse callada todo el tiempo gracias a su inseguridad y escasa convivencia con el resto de la familia. Además, de alguna forma, veía a Cinco como el líder del grupo y como a todo líder, debía obedecerle.

Pogo los siguió con la mirada, lo cual tensó ligeramente a Siete. ¿Y si los delataba con Reginald? El peor de los castigos, al menos para ella, sería restringirle el violín. Por otra parte, una lucecita de esperanza brillaba en su interior; Pogo jamás se atrevería a meterlos en problemas, ¿o sí? {+}
Se apresuró a llegar hasta su encuentro y la tomó de la mano mientras hacía una señal de silencio y señalaba el techo, dándole a entender que subiera con él al tejado de la mansión.
"Ese salto fue innecesario, te he dicho que no puedes saltar en el tiempo. Me desobedeciste."

Siempre decía lo mismo con diferentes frases... ¿Qué iba a saber él sobre si estaba listo o no? El don no era suyo y Five podía sentir dentro de él que era capaz de mucho más que el resto de sus hermanos. Era capaz de cambiar tantas cosas mal en el mundo, pero no le daba la oportunidad de demostrarlo.

—Iré arriba —anunció, dejando al viejo hombre en el instante en el que se distrajo para reprender un fallo de Diego. Fue justo cuando subió las escaleras que vio la melena castaña caer por la barandilla y eso lo hizo sentir reconfortado. Vanya era la única que estaba de su lado aún cuando todos le daban la espalda.

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