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No por suerte no había fila. -Respondio con tranquilidad mientras le entregaba lo que le había traído mientras se sentaba a la orilla de la cama, sabía que Five odiaba que se metiera en su mente pero no lo había hecho con mala intención simplemente fue para que abriera la puerta.-
Se estancó tras unas cuantas ecuaciones y, hastiado, bufó antes de dejarse caer en la cama individual. Estaba tan cerca que podía sentir la respuesta deslizándose entre sus dedos como si tratara de huir de él en aras de evitar que él hiciera algo que cambiará el rumbo catastrófico del futuro. Cinco estuvo a punto de volver a ponerse en pie para repasar todo desde el inicio cuando una voz se hizo presente en su cabeza y le pidió que abriera la puerta; odiaba que Artemisa se metiera en su mente sin permiso, pero lo dejó pasar por el hambre. Se encaminó hasta la puerta para abrirla y dejarla entrar, haciéndose a un lado y tomando asiento en un pequeño sillón junto a Delores. —Fuiste rápida. ¿Ya no es un sitio lleno de filas y filas?
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-Dejo la caja de donas en la mesa de la cocina con una nota que decía que era para todos, tomo un plato y coloco dos donas en este para luego subir las escaleras en dirección a la habitación de Five, miro de paso su antigua habitación soltando un suspiro de nostalgia hacia años que no entraba en ese lugar, nego un instante y hablo en la mente de su hermano para que le abriera la puerta para entregarle lo que le había traído, a como estaban las cosas tal vez era el único que podía hallar algo para detener el Apocalipsis.-
No había descansado desde su llegada porque el tiempo era un lujo que no se podía dar; sin embargo, eso no significaba que su cuerpo no requiriera de ciertas cosas básicas para funcionar totalmente, tales como comer y dormir. Mientras se encontraba de pie sobre su cama para alcanzar el techo y continuar con el hilo de sus ecuaciones, el estómago le recordó que requería alimento por medio de un gruñido molesto.

—Ya lo sé, no tienes que hacer un pleito de esto —dijo con molestia, respondiendo a los regaños de Delores que solamente él podía escuchar —. Ya encontraré el momento, Artemisa traerá café de todas formas y sabes que no tengo tiempo para comer. Debo evitar un apocalipsis.

Se giró levemente para encarar al maniquí y puso los ojos en blanco cuando le respondió que debía detenerse un poco ante su obsesión. Últimamente incluso ella lo tildaba de obsesivo, cosa que lo sacaba más de sus casillas.
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-Asintio y subio al auto arrancando el mismo para ir a la tienda de donas cercana a la mansión, suspiro en cuanto estuvo afuera del local realmente sentía paz sin escuchar los gritos, en cuanto se bajo y entro pidio dos cafés negros y una caja de donas para llevar al menos si se ocupaban comiendo descansaria de los gritos por un rato, regreso al auto dejando todo en el asiento del copiloto para regresar a su hogar.-
—Estaría bien. Negro —le dio la espalda, despidiéndose con una mano alzada que no se molestó en mover de más y se perdió en la entrada de la casa; apenas puso un pie en la misma se dio cuenta de a lo que ella se refería, los gritos se escuchaban demasiado fuertes. Cinco desapareció y reapareció en su habitación, saludó a Delores con un beso en la mejilla y retomó la escritura en las paredes con una nueva variable.
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Como si eso fuese posible.. Sus gritos se escuchan por toda la casa.-Rodo los ojos atrapando las llaves del auto realmente necesitaba un descanso de todos ellos y sus pleitos sobre todo el tener que controlarse y no darle un golpe a Diego.- ¿Quieres algo? Un café?-Rara vez era amable con alguno de ellos pero valía el esfuerzo del azabache de detener el Apocalipsis con la familia disfuncional que eran.-
—La casa es muy grande, evitalos —se alzó de hombros como si fuera demasiado obvio, pese a él mismo haber huido varias veces de la casa en búsqueda de un poco de paz. Salió del auto, cerrando tras de sí y le lanzó las llaves a Artemisa, esperando que alcanzara a agarrarlas. —O puedes tomar el auto, no lo necesito... Por ahora. La tienda de donas de siempre sigue ahí.
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Tú que crees?-Le miro con obviedad rodando sus ojos, lo cierto era que prefería escuchar las teorías de cinco con respecto al Apocalipsis que ver a Diego y a Luther matarse entre ellos y mejor ni mencionar a los demás tal vez a la única que rescata de todo eso a Vanya pues su compañía era sumamente agradable.- Estoy harta de las peleas infantiles de uno y dos.
—No te acostumbres —le dijo desde el interior de su auto, las cosas en el día le habían ido bien y es que al fin tenía una pista sobre el Apocalipsis; aunque no gracias a sus familiares —, ¿qué haces aquí?

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