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Hacía ya un par de días que Mikhe había huído de aquella extraña chica. Inquietante, como... muerta. Si. Así podría juzgarla, como una muñeca que se mantiene de una manera inquietante, en movimiento.
Sin embargo no tuvo valor de volver al trabajo en la siguiente noche, hasta otra después.
Para su fortuna; el chico no se encontró nuevamente con esa tipa.
Como es su rutina, se mantiene en la esquina de las calles en auel vecindario donde abundan los casinos, los bares, y los hoteles. Vestido como una colegiala, como es su papel, y como sus clientes, viejos y nauseabundos se derriten al verlo
 
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Mikhael en ése momento no puede pensar. Siquiera parece recordar que hacía ahí; sólo le viene a la mente que va a morir en las manos de aquella mujer. No. No es una mujer, aunque parece una.
Jamás había pensado que los monstruos, ésos cuentos que son para asustarse, realmente existieran.
Es el único pensamiento que le viene a la mente cuando la chica está sujetando fuertemente su cuello; tanto, que las manos lastiman el mismo.
Es así, que mientras rompe en llanto, un dolor agudo a su tráquea, sirve para acallarlo.
La desesperación se apodera de él, cuando tras el dolor experimenta el adormecer de todo su cuerpo, mientras sigue despierto. Es como si aquello fuese una especie de veneno que le impide moverse, que le impide escuchar, más no mirar, ni sentir dolor.
Cuando la chica lo suelta, piensa en echar a correr y escapar. Su cuerpo no le responde en absoluto, y aquello hace que comience a llorar desconsoladamente.
 
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