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Hacía ya un par de días que Mikhe había huído de aquella extraña chica. Inquietante, como... muerta. Si. Así podría juzgarla, como una muñeca que se mantiene de una manera inquietante, en movimiento.
Sin embargo no tuvo valor de volver al trabajo en la siguiente noche, hasta otra después.
Para su fortuna; el chico no se encontró nuevamente con esa tipa.
Como es su rutina, se mantiene en la esquina de las calles en auel vecindario donde abundan los casinos, los bares, y los hoteles. Vestido como una colegiala, como es su papel, y como sus clientes, viejos y nauseabundos se derriten al verlo
 
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–Te estoy haciendo un favor...
Resopla irritado el azabache mientras observa plácidamente como el rostro del horrible hombre se derrite por si sólo como una vela, arrancando si, bastantes alaridos y un olor desagradable a carne quemada.
–Este cerdo venía por tu presa... aunque, ¿no es que a los vampiros les gustaba la sangre vírgen? Claramente ésa porquería no es vírgen, aunque lo parezca para los terrenales.
Un tono bastante despectivo, refiriéndose al muchachito que disfrutaba la vampiresa hace unos momentos.
–Gracias a mí, tu juguetito está tan muerto de terror que no le alcanza su limitada mente a pensar que puede gritar por el auxilio a uno de esos... ¿como los llaman? ¿Caza vampiros? Te sugiero que acabes con ésa cosa o te la lleves a otro lugar, porque hay uno de esos metiches cerca de aquí.
Sentencia por último el azabache.
Y, en efecto, el chico se encuentra sollozando, y tan abstraído en su miedo, que siquiera nota que no sólo hay un "monstruo", sino dos, junto a él.
 
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