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A los pies de Seijun había dos cosas: Sangre y suciedad. Los pies del Magus, y los de Mahito, así como los de sus retazos quedarían empapados por ello. Ante la mirada incrédula del Heraldo, había frente a él una silla, si una silla. Creada con huesos, formando un arco rectangular del que asomaba una cabeza humana todavía viva, jadeante. La construcción era la de la carne, un asiento formado por lo que antes era un sujeto viviente.
«Hola guarrilla, hace días que no te veía, tu aparición trajo consigo pulgas.»
«Hola guarrilla, hace días que no te veía, tu aparición trajo consigo pulgas.»
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