— Maldecía a sus enemigos por lo bajo, sus manos apretaban la cuerda que yacía en su cuello con fuerza intentando robarle el aire, los hombres se habían enterado de su "secreto" la emperatriz era un lobo o al menos eso había dicho un hombre que la había visto cambiar de forma, ante todo querían una confesión antes de acabar con ella y tomar el imperio — Antes... De confesar prefiero morir... — Advirtió.