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UmbraEterna · M
- “El sombrío” sentado estaba en aquel sillón rojo sangre de suave gamuza en completo silencio, con su pierna derecha cruzada sobre la izquierda generando un carrizo elegante mientras su brazo diestro reposaba en el brazal de su asiento y su siniestra mano a la altura de sus labios carnosos, lascivos y rojos, sostenía por su tallo fino una copa de cristal con lo que parecía vino tinto en su interior. La penumbra reinaba en la habitación donde se encontraba el demonio de la lujuria, un recito que hedía a sexo, mujer y hombre adornado por una dulzor a lo bajo cargado de misterio y que se supuraba de forma constante de los poros de aquel varón que en un estado contemplativo y pleno, mantenía su mirar color ámbar y extrañamente resaltado por una franja horizontal producto de la luz de la Diosa Astarté que se cuela por una de las cortinas carmines, sobre el cuerpo de una mujer que duerme en una pose vulgar completamente desnuda y sudada en una desordenada cama de mantas negras; o bueno, eran negras si se obvian las múltiples manchas blancuzcas que hacían pastosa la tela y se replegaban casi por todo aquel suave terreno.
No sabía cuánto tiempo había pasado después de estar con aquella mujer cuyo nombre no recordaba y ahora la miraba dormir deleitado, sin embargo, sin querer estar cuando despertase, tomándose de un sorbo el poco vino que en su copa quedaba, se levantó de su “trono” y dejando la copa en aquella mesita de madera al lado, se aproximó a la salida no sin antes, en un acto sobrenatural e íntimo, materializar una hermosa rosas de pétalos negros y sin espinas justo entre los senos redondos y húmedos de la mujer para luego irse de la escena.
Pasaron unos cuantos minutos y el caballero de prendas elegantes conformadas por un chaleco negro sobre una camisa blanca manga larga, pantalón de fino dril y zapatos bien lustrados, bajó a la recepción de la posada al unísono que arreglaba sus prendas y peinaba con sus manos su cabello color plata distinguiéndose como su perfume denso y seductor se propaga informándole de la presencia magna de un ente de los bosques al cual vislumbró con interés siendo su íncubina esencia alterada generando increíbles deseo de tomar aquel cuerpo sagrado. -
No sabía cuánto tiempo había pasado después de estar con aquella mujer cuyo nombre no recordaba y ahora la miraba dormir deleitado, sin embargo, sin querer estar cuando despertase, tomándose de un sorbo el poco vino que en su copa quedaba, se levantó de su “trono” y dejando la copa en aquella mesita de madera al lado, se aproximó a la salida no sin antes, en un acto sobrenatural e íntimo, materializar una hermosa rosas de pétalos negros y sin espinas justo entre los senos redondos y húmedos de la mujer para luego irse de la escena.
Pasaron unos cuantos minutos y el caballero de prendas elegantes conformadas por un chaleco negro sobre una camisa blanca manga larga, pantalón de fino dril y zapatos bien lustrados, bajó a la recepción de la posada al unísono que arreglaba sus prendas y peinaba con sus manos su cabello color plata distinguiéndose como su perfume denso y seductor se propaga informándole de la presencia magna de un ente de los bosques al cual vislumbró con interés siendo su íncubina esencia alterada generando increíbles deseo de tomar aquel cuerpo sagrado. -