Una joven deidad de tez blanca, cabellos platinados, alto y con contextura definida. Se encontraba caminando a lo lejos de la ciudad en busca de algunos recados para entregar, ya que era su trabajo el de ser mensajero.
Caminando en un lado de la calle iba distraído revisando las distintas cartas que tenia en sus manos. Muy absorto a su mundo y a su momento, no presto mera atención a los humanos que lo rodeaban.
No pensó que se toparía pronto con la bella chica que yacía próximo a el.