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Herido si, torturado también, pero mis enemigos jamás me verán caído, no importando cuanto pretendan flagelar mi dignidad.
 
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No pasaron más de cinco segundos para notar aquella punzante presión que sintió en su brazo. Su mirada creció al punto en que una lágrima tenía la intención de recorrer su blanca piel; su garganta ahogó con todas sus fuerzas el deseo de gritar. —Oye... si tenias hambre... debiste decírmelo...—

La idea de que su brazo fuese arrancado le angustiaba de alguna manera, por lo que decidió usar su mano libre para sujetar una de las cadenas colgando de los muros para colocarla alrededor del cuello contrario y apretar para que este relajará la mandíbula.
 
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