- ¡Así es amigo mio!, una de las mejores que pueda haber en éste putrefacto e insensible mundo, carente del arte y la belleza que implica. -Mencionó embozando una perversa sonrisa a medio labio, cuyo tono es realmente adicto al dolor, a la muerte misma y la locura total- Pero, estoy seguro que usted, entenderá el buen don. -reintegró el juvenil vampiro, llevando al joven por diversos pasillos de aquella hermosa mansión rodeada de misterio-
*Así pues, demoraron alrededor de 15 minutos, hasta llegar por fin a un apartado bellamente decorado con frágiles flores rociadas de rocío de lluvia, una extrema belleza que no puede existir en otro lugar, a excepción de la mansión Sakamaki*
- ¿Y bien?, ¿no son hermosas?, se dice que las rosas son el reflejo del alma, en cuanto más las ames, más florecen ... -miró a su visitante, porque pese a ser un jardín muy bien decorado, era impresionante el cuidado de las flores y la suavidad que representan en cada pétalo, cada una distinta a la otra.-