• Los ojos de la niña se llenaron de alegría extrema al volver a ver a ese, su querido joven. Una enorme y amplia sonrisa radiante atravesó la blanquecina faz. Ella bajó ligeramente la mirada al piso, indicio de timidez, y musitó •
— He estado muy bien. . . ¿Y tú? Te fuiste un largo, largo tiempo, Kaname-sama ~. .—
• Con el mismo sentir, alzó el delicado rostro, ese que bien había podido ser tallado por las manos de un ángel, hasta que esa inocente mirada violeta se cruzó con la masculina. •