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KaiserTahoma · 26-30, M
Tantas palabras, tantos contextos, tantos deseos y miedos en un mismo escenario. Parecía que la mujer era fuerte, débil, valiente y miedosa a la vez. Había más contenido en esas pocas oraciones, que en el libro del señor de los anillos.
Al principio se notaba reacio ante los cortos y múltiples besos, pero cedió, correspondiendo cada uno de ellos con la misma intensidad que la mujer demostraba, cerrando los ojos y apretujando sus manos, las cuales sujetaban las ajenas.
Habían tantas cosas en la cabeza del hombre, tantos detalles y planeaciones que había estado orquestando, pero todos ellos se fueron desvaneciendo beso a beso. Su ritmo cardiaco estaba acelerado, pero no por la ansiedad del peligroso porvenir, sino, por la cercanía, el contacto y los pensamientos que rondaban su cabeza entorno a esa mujer, que lentamente se fue volviendo importante.
─ No voy a permitir que acabe tu vida antes qué la mía. No es la mejor frase, pero es mi mejor promesa. Tómala o déjala ─ susurró.
Al principio se notaba reacio ante los cortos y múltiples besos, pero cedió, correspondiendo cada uno de ellos con la misma intensidad que la mujer demostraba, cerrando los ojos y apretujando sus manos, las cuales sujetaban las ajenas.
Habían tantas cosas en la cabeza del hombre, tantos detalles y planeaciones que había estado orquestando, pero todos ellos se fueron desvaneciendo beso a beso. Su ritmo cardiaco estaba acelerado, pero no por la ansiedad del peligroso porvenir, sino, por la cercanía, el contacto y los pensamientos que rondaban su cabeza entorno a esa mujer, que lentamente se fue volviendo importante.
─ No voy a permitir que acabe tu vida antes qué la mía. No es la mejor frase, pero es mi mejor promesa. Tómala o déjala ─ susurró.
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