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Ese día, cuando lo vi llegar, pensé que el maestro Crepus me regañaría. Pensé incluso que se enfadaría tanto conmigo que la cara se le pondría tan roja como el cabello o la barba; creí que sería tan estricto conmigo como lo era con Diluc o que me echaría de la familia Ragvindr para siempre. Sin embargo, no podía estar más alejado de la realidad.
Cuando dijo mi nombre no me pareció que estuviese enojado, irritado o harto de mí. En realidad, podía notar la preocupación en su voz, en su rostro y en la fuerza que ponía sobre mis hombros al sujetarlos. No entendía lo que sucedía. ¿Por qué no me regañaba? Después de todo, me había escapado de casa sin decirle a absolutamente a nadie, ni a Diluc, ni a Adelinde o cualquier otro de los empleados de la mansión. ¿Dónde estaba mi regaño por el descuido? ¿Dónde estaba ese enojo por meterle el susto de su vida al desaparecer en un pestañeo del viñedo?
Cuando dijo mi nombre no me pareció que estuviese enojado, irritado o harto de mí. En realidad, podía notar la preocupación en su voz, en su rostro y en la fuerza que ponía sobre mis hombros al sujetarlos. No entendía lo que sucedía. ¿Por qué no me regañaba? Después de todo, me había escapado de casa sin decirle a absolutamente a nadie, ni a Diluc, ni a Adelinde o cualquier otro de los empleados de la mansión. ¿Dónde estaba mi regaño por el descuido? ¿Dónde estaba ese enojo por meterle el susto de su vida al desaparecer en un pestañeo del viñedo?
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