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Sus pisadas resonaban por cada paso que daba, pero no eran las únicas que lograban hacer eco entre las paredes; Helena parecía estarlo siguiendo y, aunque al inicio había tenido la intención de decirle que volviera a la habitación, estaba muy cansado y adolorido como para pelear o decir otra palabra. Tras cruzar el umbral de su puerta, Avicus se aflojó la corbata y prosiguió a desabrocharse el cinturón para después quitárselo; contempló por un momento la posibilidad de una ducha caliente, sin embargo, la pereza y la jaqueca vencieron a la rutina, haciendo que el rubio se dejara caer en la cama sin más remedio. Ni siquiera se había quitado los zapatos y ya estaba navegando en los mares del mundo onírico.
H1576413 · F
Un “no” definitivo pondría alto a sus atenciones, mientras tanto, lo acompañaría a la habitación y velaría su sueño.
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Fue víctima de una nueva emoción: tristeza. Tanto esfuerzo que le tomó encontrar a Avicus para que él no le creyera, y lo peor vendría a mañana siguiente; a saber si aceptaría su cuidado.

Lanzó un nuevo suspiro, bajó las alas —con todo y el dolor punzante manifestándose en su espalda— y asintió. No le quedaba hacer más que esperar.

A pesar de la incertidumbre, no todo pintaba tan malo. Lo había hallado, solo era cuestión de fe a la que él tenía que acceder.

— Que descanses, Avicus — Lo siguió con la mirada. ¿Qué estaba haciendo? No podía dejar que el miedo controlara su nueva vida y demeritara sus responsabilidades como ángel de la guarda. Helena se armó de valor, ignorando el ala herida, y caminó justo detrás de él. (...)
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¿por qué perder el tiempo entonces discutiendo términos y condiciones con alguien que no existía? —Mientras tanto iré a la cama ya, no me gustaría empezar a alucinar con otras cosas por estar en este sitio —con un movimiento de su diestra se despidió de la fémina y empezó a andar hasta el marco de la puerta con la clara intención de abandonarla ahí.
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—Pero... — Helena no dejó que Avicus terminara de formular la respuesta que habría de apelar a lo dicho por ella; después de todo, si era cierto que estaba en su naturaleza sanarse por sí sola, no le encontraba sentido a que llevase herida tanto tiempo. Lehnsher resopló, moviendo sus cabellos rubios con su propio aliento, y paseó el botiquín hasta dejarlo en la mesita de noche a un lado de ella por si se animaba a utiliza algún vendaje o pastilla contra el dolor — . De acuerdo, entonces eres un ángel, no, mí ángel —se corrigió, sintiendo ya ese típico dolor en la cabeza que se tiene después de unas horas de borrachera. Se llevó la diestra a la frente y empezó a masajear los costados de la misma con el índice y el pulgar; tal vez era una mejor idea ir a dormir antes de caer perdido en esa habitación.

—Hagamos esto... Te daré mi respuesta mañana por la mañana, ¿de acuerdo? —Avicus estaba convencido de que ella desaparecería al recuperar su conciencia,
(...)
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fueron instados por el mismo autor intelectual escondido entre ellos. Reacia a recibir atenciones, el ángel se apartó de Avicus, consiguiendo solamente que empeorara su situación y ya no pudiera esconder la nueva lágrima rodando por su mejilla.

— Velaré por tu seguridad hasta el final de tus días, sin embargo, si deseas continuar tu camino sin mi protección, lo único que debes hacer es renunciar a mi cuidado, en voz alta, clara y sin atisbo de duda. — Continuó, pues había encontrado la manera de separar su mente de la nueva sensación aflictiva: narrando el reglamento que la unía a él a partir de su encuentro.
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En esa mínima oportunidad que quedó sola, se dio a la libertad de gesticular dolor y saborear por vez primera una herida. Se preguntó cómo es que los seres humanos eran capaces de aguantar esas dolencias físicas y seguir levantándose a la mañana siguiente; ella sentía que trataban de arrancarle el ala a punzadas. Todo un martirio.

— Maldición... — Apretó los labios, llevándose las manos a los hombros en un abrazo a sí misma para darse ánimos. Las lágrimas no tardaron en aparecer, mas se esfumaron como nieve bajo el sol cuando escuchó pasos acercarse a la habitación.

— Por favor, no te preocupes por mí. Soy un ser divino, esto desaparecerá en unos minutos . Los métodos de un humano no sirven para sanar a alguien como yo. —

Apartó la mirada de él. Una injusticia la mantendría encadenada a la tierra hasta que encontrase el método para regresar al cielo y pudiera explicarles la atrocidad que había presenciado, y que los actos cometidos erróneamente con Johan(...)
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alucinación más pacífica y tranquila que había tenido jamás.
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Fue interrumpido por el jadeo femenino y sus expresiones de dolor, que lo hicieron ponerse alerta y preocuparse pese a su propio estado. Se puso de pie y recorrió los pasos necesarios para alcanzar el baño que pertenecía a esa habitación; al entrar encontró todas las cosas que su madre solía usar: joyas, bata, artículos para el cabello, maquillaje y perfumes caros. Se le revolvió el estómago, llevaba casi veinte años sin haber puesto un pie en ese sitio por lo que los fantasmas del pasado lo empezaron a atormentar y la imagen de su madre se hizo presente en una bañera ensangrentada. Avicus se obligó a ignorar eso y extrajo el botiquín de detrás del espejo antes de darse la vuelta y salir a toda prisa de allí. Debía estar loco, estaba arriesgando su poca estabilidad mental por un "ángel" que podía no ser real.

—Déjame ayudarte con eso –le señaló el ala y dejó el maletín a un lado de ella, aún se le veía pálido y algo contrariado pero dispuesto a auxiliarla... Después de todo, era la
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—Es de locos —farfulló, masticando y tragando el bocado después. Ella era real o tal vez no, lo mejor que él podía hacer era ir a dormir y esperar al amanecer, pero fue entonces que Helena hizo esos gestos tan dulces que le recordaron a su madre y todo plan cuerdo se fue al traste.

—Estoy aquí —afirmó y pudo jurar por un momento que el calor se apoderó de su pecho y de su garganta, tal como le habría sucedido tras un trago de whisky aunque, por supuesto, Helena era infinitamente más dulce—. La verdad es que no alcanzo a comprender...

(...)

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