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—¿Q-Qué...? ¡No, no es eso lo que estoy diciendo! —sus ojos se cristalizaron de inmediato. Él se había enojado, y ella se consideraba la culpable. Por supuesto que él iba a tomar eso como una queja, un ataque a su desempeño como marido. ¿Cómo pudo ser tan tonta?
Aturdida entre la culpa y la sorpresa, el vertiginoso actuar de su esposo la tuvo contra la pared de un instante al otro. Lágrimas corrieron por sus mejillas al sentir el contacto de sus labios, no supo cuál de todas las emociones que le hervían ahora las causó, aunque tampoco importaba.
Apretó sus párpados, como apretó el agarre de sus piernas alrededor de la cintua masculina, como sus dedos se engarruñaron en la tela de esa camisa blanca que olía a esa colonia conocida. Como pudo, correspondió el inescrupuloso y tórrido beso.
Aturdida entre la culpa y la sorpresa, el vertiginoso actuar de su esposo la tuvo contra la pared de un instante al otro. Lágrimas corrieron por sus mejillas al sentir el contacto de sus labios, no supo cuál de todas las emociones que le hervían ahora las causó, aunque tampoco importaba.
Apretó sus párpados, como apretó el agarre de sus piernas alrededor de la cintua masculina, como sus dedos se engarruñaron en la tela de esa camisa blanca que olía a esa colonia conocida. Como pudo, correspondió el inescrupuloso y tórrido beso.
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