DiosaPandora is away from SimilarWorlds at the moment.
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No admito cuentas de Yuri ó Yaoi. No hago rol +18. User casada.
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SW-User
Sorpresivamente fue tomada desprevenida por la mujer azabache, aún no era tan buena para distinguir presencias que no eran del todo demoníacas, por lo que no se dio cuenta de que la mujer permanecía ya cerca de ella, hasta que le escuchó hablar.
Vio con atención la silueta contraria, recordando vagamente ese rostro que ya una vez se había topado y, con la elegancia que le distingue, como una mujer de alcurnia - Pese a ser una asesina a sangre fría - hizo una leve reverencia ante la diosa. Su diestra de posó en su pecho y la siniestra fue detrás de su espalda. Una vez hecho el acto, se reincorporó y esbozó una gentil sonrisa.
— Buenas noches, Pandora. Un gusto verle. Podemos hablar cuando guste. Ahora estoy de vacaciones de mi trabajo, como verá.
Eso era cierto. Ahora estaba en Japón, lejos de su país natal: Rusia. Portaba ropas tradicionales japonesas, como un precioso kimono de telas rojas, con adornos de pétalos de flor sakura. Su cabello estaba en una coleta y un mechón rojo caía por un costado derecho de su rostro. Dio unos cuantos pasos, aproximándose a un sillón, en donde tomó asiento, deslizando primeramente sus manos por la parte trasera del kimono, evitando que se abulte y se arrugue.
Vio con atención la silueta contraria, recordando vagamente ese rostro que ya una vez se había topado y, con la elegancia que le distingue, como una mujer de alcurnia - Pese a ser una asesina a sangre fría - hizo una leve reverencia ante la diosa. Su diestra de posó en su pecho y la siniestra fue detrás de su espalda. Una vez hecho el acto, se reincorporó y esbozó una gentil sonrisa.
— Buenas noches, Pandora. Un gusto verle. Podemos hablar cuando guste. Ahora estoy de vacaciones de mi trabajo, como verá.
Eso era cierto. Ahora estaba en Japón, lejos de su país natal: Rusia. Portaba ropas tradicionales japonesas, como un precioso kimono de telas rojas, con adornos de pétalos de flor sakura. Su cabello estaba en una coleta y un mechón rojo caía por un costado derecho de su rostro. Dio unos cuantos pasos, aproximándose a un sillón, en donde tomó asiento, deslizando primeramente sus manos por la parte trasera del kimono, evitando que se abulte y se arrugue.