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Recibió el maletín, acomodándolo sobre su regazo. Sí, aún recordaba las compras que habían hecho, no pudo evitar sonreír al respecto.
—Supongo que tienes razón...—Respondió, acariciando la nuca de su pareja, acomodándose después sobre el respaldo—. Aunque, me gustaría que fuese un lugar espacioso, con techos altos y una bonita vista. Eso estaría bien—. Señaló encogiéndose levemente de hombros—. Pero, todo pasa a segundo plano cuando te miro, porque, lo único que deseo es estar a tu lado. No importa dónde.
¿Lima West? Recordaba pequeñas casitas a cada lado del bulevar y uno que otro edificio con no más de tres pisos.
—Tú eres el jefe—. Sus labios se curvaron, y llevó la mano derecha con los dedos juntos hacia su sien, imitando un saludo militar.
—Supongo que tienes razón...—Respondió, acariciando la nuca de su pareja, acomodándose después sobre el respaldo—. Aunque, me gustaría que fuese un lugar espacioso, con techos altos y una bonita vista. Eso estaría bien—. Señaló encogiéndose levemente de hombros—. Pero, todo pasa a segundo plano cuando te miro, porque, lo único que deseo es estar a tu lado. No importa dónde.
¿Lima West? Recordaba pequeñas casitas a cada lado del bulevar y uno que otro edificio con no más de tres pisos.
—Tú eres el jefe—. Sus labios se curvaron, y llevó la mano derecha con los dedos juntos hacia su sien, imitando un saludo militar.
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