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Ya pasaban de las tres de la tarde, y Blaine, no había perdido la costumbre de visitar «The Lima Bean» después de los ensayos. Sin embargo, esta vez se hallaba acompañado por alguien distinto a su grupo de amigos de Dalton: Kurt.

«¿Sabes? Tienes un estilo único para vestir, me agrada», «¿Cuál es tu portada favorita de Vogue de este año?», «¿Wham! o Abba?» Tantas ideas revoloteaban en su mente, las palabras no surgían, y aun así, lo único que podía hacer era aferrarse a su vaso de café, observar aquellos ojos azules y rogar porque el alma no se le escapara en un suspiro.
 
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¿Era su segunda salida? ¿La tercera? Era extraño, ya que parecía haberle conocido hace un eternidad, en el mejor de los sentidos.

Y por supuesto, había percibido aquellas furtivas y casi disimuladas miradas que Kurt le dedicaba una que otra vez. No iba a hacerse el difícil, no con él. Deslizó su antebrazo sobre la superficie de la mesa, caminó con el dedo índice y medio hasta la mano del contrario, y atinó a aprisionarle bajo su palma. Su piel era suave al tacto, mucho más suave que cualquier otra piel que hubiese tocado en el pasado.

Sonrió, cómplice. Ahora toda su atención estaba centrada en él.

Kurt, cuéntame algo sobre ti. Algo que nadie sepa.

Quería saber todo sobre él, y sin embargo, no quería precipitarse. Dejaría que las cosas fluyeran a su propio ritmo, pues, lo último que deseaba era que aquél se alejara de su lado.
 
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