Se desvanecía a su merced, a sus pies, cómo una hoja que lleva el viento. Era frágil y sumisa, tierna y dócil, cómo un animalito hambriento aferrado a la mano que le da de comer. Tiró levemente de la correa obligando a la chica a elevar el ángulo de su rostro y así poder mirar al vampiro, quien inclinándose hacia ella besó sus suaves y temblorosos labios unos segundos. Soltó lentamente la correa quitando la presión sobre su cuello. ─ Qué se jodan, tú eres mía.~