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AemondTargaryen · 31-35
Qué había hecho mal, qué había faltado y cómo podría mejorarlo. Dentro de él existía un fuego que le impedía morir y renunciar a seguir respirando, algo que palpitaba en su corazón a pesar de rechazar pensar en la verdadera razón.
¿Venganza...? No, qué tontería. No tenía nada para lograrlo... Ni un ejército, ni dinero, ni un nombre. Ahora era un Ylmaz que caminaba bajo el nombre de Abdel.
Pero sus dilemas existenciales iban a dejarse para luego. Era hora de trabajar, y eso le salía bien. Al cabo de un par de horas ya había empacado la tienda, la acumuló junto con la de sus hermanos y todo el grupo de silenciosos enmascarados color manta ya estaba reunido fuera del improvisado coliseo repleto de sádicos espectadores, vitoreando por un buen día de sangre.
De nuevo respiró profundo mientras contemplaba el sitio con decepción; ese día el aire apestaba mucho peor.
¿Venganza...? No, qué tontería. No tenía nada para lograrlo... Ni un ejército, ni dinero, ni un nombre. Ahora era un Ylmaz que caminaba bajo el nombre de Abdel.
Pero sus dilemas existenciales iban a dejarse para luego. Era hora de trabajar, y eso le salía bien. Al cabo de un par de horas ya había empacado la tienda, la acumuló junto con la de sus hermanos y todo el grupo de silenciosos enmascarados color manta ya estaba reunido fuera del improvisado coliseo repleto de sádicos espectadores, vitoreando por un buen día de sangre.
De nuevo respiró profundo mientras contemplaba el sitio con decepción; ese día el aire apestaba mucho peor.
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