—Finalmente su poder se había desvanecido. Volvía a ser un humano ordinario, desprotegido y sin poder escuchar más a la luna. Su mirada fue directo al suelo, esta vez no era por un castigo sino su propia elección al verse engañado y a servicio de aquel demonio rojo. No pensaba dejar que sus padres enfrentaran la desgracia, no por su ingenuidad y confianza, sin embargo ahora debería buscar un nuevo lugar donde vivir los años que le restaban, su longevidad se fue tal cual su poder, estaba seguro que el tiempo comenzaría a pasarle factura de toda su existencia y su vejez llegaría pronto.—