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—Sábado, 11:25 pm. La ciudad de Nueva York parecía ir llegando a su auge a esa hora; su auge de vida nocturna y su auge de inmundicia.

Aunque no se podía quejar, definitivamente Manhattan era mucho mejor que Brooklyn, y su mejor noche siempre era el domingo, cuando tenía trabajo en el Blue Note, en el corazón del Noho. El público siempre era más educado y apreciativo, no como los primates a los que tenía que satisfacer de jueves a sábado en el Pink Metal en East Williamsborough. El Noho era definitivamente un respiro en su vida.
 
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ClosedClosed1578351 · 31-35, M
Fue al mencionar aquello último que las luces de neón parpadearon de forma intermitente, hasta que se apagaron un par de segundos, estableciendo una efímera pausa en medio de la penumbra donde solo resaltaba la ardiente brasa del cigarrillo, y el brillo inhumano que esta proveía a los ojos del lúgubre hombre, quien no quitaba la mirada de encima de los de Morgana. Cuando la luz volvió sobre de ellos, lo tomó como indició a continuar.

— Pero no sabría decir a menos de que te escuchara cantar. Podría olvidar o confundir una cara, pero ciertamente no la melodía de una voz al entonar.

Llevaba el abrigo (una gabardina de lana) a los hombros a modo de capa, por lo cual, de la misma emergió su siniestra, pálida y resaltando ligeramente su complexión huesuda al hacer un puño débil, con la muñeca adornada por un Patek Philippe en tono dorado; el único elemento que contrastaba en todo su atuendo.
 
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