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AleisterMayfield · 26-30, M
La nubosidad ansiosa del día de principio advertía; vaticinaba un suceso oscuro o, al igual que una poética elegía, sería tan solo confuso. Durante las clases de deportes, una repentina y violenta lluvia emboscó a todos.
—¡Apresúrense, jóvenes! ¡Regresen al gimnasio! —vociferó el profesor; de a poco, no obstante, su voz se eclipsaba en el incesante azotar de las gotas.
Tan pronto como fue posible, todos ya habían regresado…, pero faltaba aún gente. Cuando alguien apenas se iba a ofrecer, Aleister ya había salido a ver. Él estaba enterado un poco de quiénes exactamente faltaban y el tipo de relación que tenían. No estaba preocupado por ninguna de ellas, en absoluto; sabía, más bien, que si no aparecían pronto no podrían irse antes.
Al tiempo en el que cayó un rayo al fondo, encontró en un estrecho pasadizo aquel flagrante acto.
—¿Hum? —emitió solo ante las palabras de la chica. No parecía prono a detenerla, tampoco desvió su mirada—. ¿Quieres acabar con esto de una vez?
—¡Apresúrense, jóvenes! ¡Regresen al gimnasio! —vociferó el profesor; de a poco, no obstante, su voz se eclipsaba en el incesante azotar de las gotas.
Tan pronto como fue posible, todos ya habían regresado…, pero faltaba aún gente. Cuando alguien apenas se iba a ofrecer, Aleister ya había salido a ver. Él estaba enterado un poco de quiénes exactamente faltaban y el tipo de relación que tenían. No estaba preocupado por ninguna de ellas, en absoluto; sabía, más bien, que si no aparecían pronto no podrían irse antes.
Al tiempo en el que cayó un rayo al fondo, encontró en un estrecho pasadizo aquel flagrante acto.
—¿Hum? —emitió solo ante las palabras de la chica. No parecía prono a detenerla, tampoco desvió su mirada—. ¿Quieres acabar con esto de una vez?
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